5/9/14

Caminar

5/9/14
El camino es siempre el mismo, el tema es empezar a recorrerlo.
El primer paso cuesta una bocha, pero nadie habla del segundo. Claro, claro. Acá somos todos bilardistas y el segundo no le importa a nadie, pero igual hay que darlo.
En el segundo paso ya estás jugado. Tu otro pie está ahí adelante, esperando al resto del cuerpo, impaciente y tratando de mantenerse calmo, porque ahora viene la parte del equilibrio. La parte en la que todo tu ser se posa en ese pobrecito pie, que ya mandaste al frente.
En ese momento juegan un montón de cosas, desde si te cortaste las uñas, hasta el esguince crónico en el tobillo. La zapatilla, las medias, el suelo, la rodilla... muchas cosas ahí, laburando para mantenerte en equilibrio, hasta que te animás y te mandás para adelante.
Sentís el peso del cuerpo a la deriva, rogando que tus piernas recuerden las reglas básicas:
  1. Primero un pie, luego el otro y así hasta detenerse.
  2. Jamás tratar de avanzar con ambos pies al mismo tiempo.
  3. Llevar el peso del cuerpo hacia donde apuntan los pies.
Uno camina, de alguna manera, uno lo logra y camina. Un paso, luego el otro. Falta para empezar a trotar y mucho menos, para correr... cómo extraño correr. Sin embargo, entre el pucho y la falta de costumbre, no corro ni un bondi.
El tercer paso ya es más tranqui y para el cuarto uno ya le debe haber agarrado la mano (o, el pie) y todo se vuelve más sencillo.
El problema es que ahora nos creemos que la junamos lunga en esto de caminar y nos queremos hacer los pistolas, así que nos damos el lujo de esquivar charcos, pisar en el centro de la baldosa, hacer equilibrio en el cordón de la vereda y hasta de jugar a María la paz, la paz, la paz, tres pasos pa´ trás, pa´ trás, pa´ tras.
Paso a paso1 nos vamos alejando de aquel lugar y nos acercamos al otro lugar, que puede ser el mismo lugar, si hablamos de la metáfora y lo figurativo, pero si se trataba de caminar a la panadería a comprar un ¼ de biscochitos no, un lugar es el punto de partida y otro es la panadería.
Volviendo a lo figurativo, cada paso es importante, cada paso tiene su complicación y aunque el primero se lleva todos los aplausos, nunca nos debemos olvidar de los que vinieron después.
En ocasiones, uno se olvida que puede volver a mandar un pie adelante... pero hay una lección que ya me la aprendí y que me la repito una y otra vez, para no olvidarme. Llegar es muy difícil, pero no hay que dormirse en los laureles, sólo descansar, disfrutar y buscar una nueva dirección en la que seguir caminando.
La quietud es un lujo que no me quiero dar nunca más y que no se la deseo a nadie.
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1) Mostaza Merlo, 2001

15/5/14

De las capacidades motrices y parlanchinas de los seres

15/5/14
Una mujer camina por el parque y advierte que un árbol se desplaza, moviendo sus raíces de un lado a otro. La señora, sorprendida, se acerca al árbol y lo toca, para comprobar que no fuera un espejismo.
- ¡Señora! – Exclama el árbol ofendido. - ¿Qué hace?
La señora se sonroja y retira la mano de la corteza.
- Creí que era un espejismo. – Se defiende la mujer. – Tenía que comprobarlo.
El árbol pone gesto serio.
- Podría haber preguntado. – Reprocha.
- Pero, usted es un árbol. – Asegura la mujer.
El árbol, creyendo que la afirmación de la mujer ya era estúpida, se queda en silencio.
- Los árboles no se mueven. – Afirma la mujer, tratando que su mundo vuelva al orden que ella creía que tenía.
El árbol agita sus ramas, levanta una raíz y se mueve unos centímetros hacia su derecha.
- Es evidente, que si podemos hacerlo.
La mujer, nerviosa, saca su celular y marca un número, pero su rostro denota que tras contar la historia, su interlocutor no le creyó.
- Animales. - piensa el árbol en voz alta. – Siguen creyendo ser los únicos con libre movimiento.
Una roca giró sobre sí misma y se acercó al árbol.
- Es verdad. – Afirma tras rodar. – También creen ser los únicos capaces de hablar. La señora, que ya había tenido suficiente, ve a la roca y a punto está de gritar y correr lejos de allí, pero intenta calmarse.
- Pero, usted es una piedra. La roca se ofende.
- Señora mía. – Dice indignada la roca. – Si yo no la ofendo a usted, le pido que tenga más respeto conmigo.
- Mamíferos. – Escupe una paloma, que se posa en una de las copas del árbol. – Se creen dueños del mundo.
La señora, alterada, saca un frasquito naranja de su cartera marrón, pero al abrirlo, advierte que ya no le quedan más pastillas.
- Te tomaste la última hace tres días. – Recuerda el frasquito plástico, con una voz seria y grabe. La mujer comienza a llorar.
- ¿Qué le pasa? – Pregunta un gato que pasaba cerca y le dio curiosidad.
El árbol larga una carcajada.
- Es un pobre ser humano. – Explica. – Necesita estar atado a la realidad.
La roca asiente, moviendo todo su cuerpo, pero el gato y la paloma se miran sin comprender.
- ¿Por qué? – preguntan al unísono.
- Porque parece que es lo único que tienen y sin ella, muchos humanos se sienten perdidos. – explica el árbol.
Un nene se acerca a la señora.
- Romualdo. – Dice el nene. - ¿Qué le pasa a la señora?
Romualdo, el árbol, mira a su joven amigo.
- Esta asustada.
El nene palmea la espalda de la mujer.
- Tranquila señora, ya está. La mujer levanta la cabeza, sorprendida.
- ¿Vos conoces a este árbol?.
El nene asiente con su cabeza.
- Si, es mi amigo Romualdo, Romualdo el Árbol y él es Mario la Roca, Juanita Palometa y Cachito el gatito. – El nene, que había señalado uno por uno de los que lo rodeaban, vuelve a mirar a la mujer.
La señora, sonriente, comienza a secarse las lágrimas y le da al nene el frasquito con pastillas. El nene agarra el frasquito, sin comprender.
- Me habló. – Informa la señora, el frasquito también me habló. Me había asustado tanto, creí que estaba loca.
El nene mira el frasquito que tiene entre las manos y advierte que es de plástico.
- Señora. – Dice el nene con total sinceridad e inocencia. – Todo el mundo sabe que los objetos de plástico no hablan.

2/3/09

Volar

2/3/09
Un nene mira el cielo y se pregunta:
- ¿Puedo volar?
Icaro le responde desde el suelo:
- Si.
El nene le dice:
- ¿De verdad?
Icaro le responde:
- No, te estaba jodiendo.
El nene se pone serio e Icaro se caga de la risa.
El nene se larga a llorar e Icaro se siente una mierda, por hacer llorar al nene.
Una señora pasa cerca y mira como el nene llora, entonces piensa:
- Es un mal padre.
Icaro ve la mirada de la señora y tiene ganas de decir, que el nene no es su hijo, pero no lo dice.
El nene se sienta en el suelo y se pone a torturar a una hormiga, que exploraba la plaza en busca de alimento.
Icaro ve como el nene tortura a la hormiga y dice:
- Dejala tranquila, yo te voy a enseñar a volar, pero cuidadito con acercarte al sol, o se te despegan las alas y te caes.
El nene se levanta y se le iluminan los ojitos.
Icaro despluma a una paloma y construye unas alitas para el nene.
El nene, con las alitas puestas empieza a aletear y se eleva un metro y medio.
Icaro recuerda viejas épocas y sonríe.
El nene empieza a volar y vuela y vuela, hasta que otro nene lo baja de hondazo.
- Perdoname, pensé que eras un pájaro.
El nene, con un piedrazo en el ojo, se levanta.
- No, no soy un pájaro, ni un avión, soy un nene con alas de paloma.
El segundo nene se pone envidioso y se va a la casa de su papa.
- Papá, quiero alas de águila.
El padre del segundo nene, que trabajaba mucho y apenas si lo veía, quiere darle el gusto. Asi que se toma unos días para hacer el trabajo, pero llega el viernes y el segundo nene despliega sus alas de águila y se va a la escuela volando.
Sin embargo, Icaro nunca habló con este nene y el purrete vuela hasta llegar cerca del sol, por lo que se le desprenden las alitas y cae.
El nene se mata contra el suelo y el padre, desconsolado, busca un culpable.
El primer nene es buscado por la policía, por ser el de la idea, pero es solo un niño y además, manda al frente a Icaro.
Icaro es encerrado de por vida, por corromper la mente de los niños.
El padre del segundo nene se siente satisfecho.
Icaro ve el cielo desde la ventana de su jaula y llora.
El primer nene, que quedó tuerto por el piedrazo del segundo nene, camina el resto de su vida sin poder volver a volar, porque desde el incidente, volar está prohibido por decreto nacional.

25/4/08

La leyenda del Hombre-Dogo

25/4/08
Cuenta la leyenda, que existe una criatura feroz, conocida como el Hombre-Dogo. Este monstruo, tiene origen en el principio de la civilización y se ha extendido a lo largo de los milenios, hasta la actualidad.
El Hombre-Dogo (mitad hombre y mitad fascista) es una persona normal durante su vida. Sin embargo, en las noches de luna llena, se transforma y sale de cacería.
Comportándose, casi, como una animal hambriento, sale en busca de sus víctimas predilectas. El Hombre-Dogo es adicto a los militantes de izquierda, específicamente jóvenes.
Primero, recorre la ciudad, buscando rastro de sus víctimas. Una vez que logra olfatearlos, comienza a recorrer los lugares donde estos se reúnen y frecuentan.
El Hombre-Dogo presenta una característica especial en su cacería y es que se hace pasar por un militante de izquierda, ingresando a la reunión, o al lugar frecuentado, como uno más.
Una vez dentro, entabla conversación con los jóvenes militantes de izquierda. Sus entrañas arden por las ideas que escucha y debe pronunciar. Sus oídos zumban por las blasfemias y la rabia contenida, hace que le duelan los músculos. Pero aguarda el momento oportuno, como todo cazador experimentado, con paciencia.
Su ataque es tan sutil, que la víctima no nota que ha sido herido, hasta que es demasiado tarde. Se trata de un pensamiento. Chiquito, inofensivo y netamente disimulado, el pensamiento es expresado. Una vez llega el primero, pronuncia otro y un tercero. Lo hace con cuidado y disfrazando sus verdaderas intenciones.
Los militantes de izquierda que lo rodean, puede que comprendan lo que sucede, entablen una discusión y se alejen. Pero aquellos que se queden a discutir y pierdan, o que sin darse cuenta de lo que sucede, acepten una de las ideas, están perdidos.
Por más sencilla que fuera la idea, por más insignificante que resulte el comentario, solo es necesario asentir una vez.
La noche termina, la luna se esconde y el sol descubre al Hombre-Dogo (de vuelta a la normalidad) sin saber como llegó a allí. Pero vuelve a su casa, se baña, se viste y sale a trabajar, como todos los días. Tal vez, sea un contador, tal vez un almacenero, o un taxista.
Sin embargo, en la próxima luna llena, el militante de izquierda, herido por el Hombre-Dogo, se convertirá. Se le llenará la cabeza de teorías y pensamientos fascistas y saldrá.
Saldrá en busca de una nueva víctima.

17/1/08

Señor Anselmo

17/1/08
Un señor larga desde el punto de partida, lo que quiere decir que nace, pero ya se sabe que va a ser un señor (¿qué como lo sé? Porque pensé esto antes de escribirlo y yo, a diferencia de usted, ya sé el final y por eso le hago un adelanto)
Decía, nace un señor que, como acaba de nacer, por ahora es llamado “bebe” pero sus padres disiden nombrarlo Anselmo. Por lo tanto, acaba de nacer el futuro señor, pero actual bebe, Anselmo.
Anselmo es un nombre de gente grande, dato también, por el cual sabemos que va a ser un señor.
Anselmo continúa sus años de infante, chupando teta al principio, mamadera luego y haciendo las cosas que hace un bebe, pero futuro señor. Osea, rompiendo las guindas a las cuatro de la mañana para que lo alimenten, ensuciando pañales, gateando por toda la casa y pedir upa cada cinco gateadas. También tiene la costumbre de llorar, pero lo hace como todo un señor en miniatura, a moco tendido.
Anselmo llega a su primer año en el jardín de infantes y le toca ir a la sala marrón, que es para futuros y sobrios señores, no como los de la sala verde, que es un color de sexo indefinido, para libertinos y psicópatas sexuales.
Anselmo aprende los colores y a hacer esculturas de plastilina, también aprende que la témpera no tiene rico sabor y aunque el pomito se parezca al de la pasta de dientes, su efecto no es el de limpiarlos sino, todo lo contrario.
Anselmo llega a la primaria. Entra como todo un señor al primer grado, donde aprende a escribir y los números. Poco a poco, empieza a armar oraciones y a sacar cuentas.
Anselmo llega a la secundaria, ya es todo un señorito, pero todavía no es señor.
Anselmo llega a la universidad y se detiene frente a la ventanilla de admisión. Comprende que si estudia medicina le dirán Doctor, no señor, si se mete en arquitectura o en ingeniería...
El pobre sufre un problema existencial. Tanto sus padres, como sus abuelos, como sus amigos, esperan que él se convierta en un señor, todo porque yo lo dije en el primer párrafo. En cambio, usted está esperando la oportunidad para reír y decir “viste que no iba a ser un señor”... pobrecito el futuro señor Anselmo, ¿por qué no cree en él? ¿Qué le hizo?
Anselmo sale corriendo, cruza la avenida y se mete en la academia militar. Allí, al alcanzar un alto rango, sus subordinados lo llamaran Señor. Pero Anselmo se detiene frente a un afiche con la foto de un soldado en plena guerra, se arrepiente y sale corriendo.
El futuro señor Anselmo (espere y ya va a ver, desconfiado) baga perdido durante años, buscando la forma de convertirse en un señor. Hace todo lo que puede, pero por mucho tiempo, lo llaman de formas distintas: Nene, Pibe, Muchacho, Chabón, Loco, Campeón, Máquina, Fiera, Flaco... en definitiva, muchas formas, menos Señor.
Pero un día (acá se viene) Anselmo camina por la calle y el mundo sufre un cambio. El cielo sigue siendo cielo, los locos siguen estando tan cuerdos como su locura les permite y yo, que soy el creador de la realidad irreal de la vida de Anselmo, lo tildo de Señor y desde este momento, este personaje, pasa a llamarse Señor Anselmo y al que no le gusta, que escriba sus propios personajes que no sean señores.
Eso si, los dejo llamarlos Anselmo, si tienen ganas.

11/1/08

Azul verdosa

11/1/08
Un hombre ama a una mujer, que no lo corresponde. La mujer es la amante de un tipo, que jamás va a divorciarse. El Tipo está casado con una fulana, a la que le gusta su profesor de tenis. El tenista es pedófilo e intenta seducir a su alumnita quinciañera. La nena es la puta de la escuela y su padre la cree mojigata.
El padre es homosexual reprimido y siente atracción por el profesor de tenis. El tenista odia a su estudiante anciana, porque le gustan las nenas. La señora sabe que su marido tiene un amante y junta pruebas, para quedarse con la empresa. En la empresa trabaja una secretaria, de la cual un pobre boludo está enamorado sin que ella le corresponda.
El pobre boludo se llama Mauricio, se levanta todos los días a las seis y media, desayuna un café con leche y tostadas. A las tostadas les pone manteca y mermelada de ciruela y después va al baño un rato, a veces se lleva el diario de ayer, a veces no.
Mauricio es el contador de la empresa y le gusta asustar al resto del personal, con que los ajustes económicos hacen peligrar la seguridad laboral. Todas las semanas agarra a uno de punto y le mete la paranoia del despido en masa.
Le encanta.
Mauricio trabaja en la oficina enfrentada a la del jefe, donde la secretaria usa siempre minifaldas con medias negras. Mauricio sueña con que sube la minifalda y baja las medias, pero siempre se despierta antes de llegar a la parte interesante.

Mauricio está a punto de suicidarse. Se para frente a la ventana, la abre, deja que el frío aire entre y lo golpee de frente; pero antes de dar el último paso, se acuerda que hay un cheque sin autorizar.
Mauricio se sienta en la silla nuevamente y autoriza el cheque. Sin embargo, antes de volver a la ventana, descubre una mancha en el escritorio.
La mancha es de color azul verdosa. La mancha no es de café, ni de tinta, ni de cualquier otra cosa que pueda encontrarse en una oficina y que sirva para producir una mancha azul verdosa. Mauricio ensaliva un poco una servilleta de papel y refriega la mancha.
La mancha sigue tan azul como verdosa.
Mauricio llama a una de las empleadas de limpieza.
La empleada de limpieza se llama Norma, desayuna (casualmente o causalmente, como usted quiera) la misma mermelada de ciruelas que Mauricio. A ella no le gusta el café con leche, pero se toma un tesito todas las mañanas. Ella también va al baño, pero se lleva una revista de esas que tiran a la basura las secretarias.
Norma siempre quiere ir a la oficina de Mauricio, porque él es el único que le da galletitas y que la saluda para su cumpleaños.
Norma y Mauricio se conocen desde diez años atrás, cuando juntos empezaron el mismo día en la empresa.
Mauricio abre la puerta y Norma entra. Ella ve la mancha y empieza a refregar.
Azul verdosa, aun.
Norma sigue refregando y Mauricio camina, impaciente, por su oficina.
La vista del hombre se clava en esas media negras que se advierten bajo el escritorio, del otro lado del pasillo.
Norma lo sabe, pero se hace la distraída.
La secretaria no soporta a Mauricio. Lo considera un pobre diablo.
Mauricio explota, los pedazos del contador ensucian toda la oficina, pero la única que puede notarlo es Norma. Los demás, a penas si advierten que él se ha desmallado.
Mauricio se despierta en el hospital.
Junto a él, en la cama siguiente, un profesor de tenis tiene fracturado el brazo en tres partes y un fuerte golpe en el rostro.
En otra parte, una nena llora en su pieza, porque ya no puede aprender a jugar al tenis.
Volviendo al hospital, después de cinco años, Norma lleva una flores a Mauricio.
Mauricio ve las flores y se larga a llorar como un chico. Norma lo consuela, el profesor de tenis se hace el dormido y una enfermera, que acababa de entrar en la habitación, saca un termómetro y lo agita.
Norma se para y deja a la mujer hacer su trabajo, luego se despide y vuelve a su casa.
En la empresa, una secretaria y el jefe se encierran, otra vez, en la oficina. La secretaria se sube la minifalda y se baja las medias. El jefe llega a la parte interesante y sigue por un poco más.
Mauricio lo sabe, es Jueves y el jefe siempre se queda hasta tarde los jueves.
La fulana también lo sabe, pero ella ya se está buscando otro joven y apuesto profesor de tenis y guarda otro montón de fotos en su caja privada de seguridad.
El mundo sigue girando, el sol se asoma por el este y sigue su curso.
Norma se prepara un té, se carga una tostada con mermelada y se va para la empresa. Encara la mancha con ganas y con fuerza, pero esa cosa nunca sale.
Sigue tan azul verdosa como antes y amenaza con llevarse el escritorio a la tumba.
El pedófilo se despierta y un oficial lo arresta.
Mauricio abre los ojos y al rato le dan el alta.
La secretaria es despedida y reemplazada con una mas joven.
Norma vence a la mancha y el escritorio vuelve a estar limpio.
El jefe se divorcia de la fulana y pierde todo lo que tiene.
La fulana deja todo en manos del presidente de la empresa y se compra un club privado de tenis.
La nena se inscribe en el club de la fulana y se enamora de un pibe de su edad.
El pibe tiene un vecino que está enamorado de una mujer que no lo corresponde.

9/1/08

Huevos y descubrimientos

9/1/08
Un hombre comprendió, que el universo es una cápsula, que protege a la vida del vacío y la oscuridad del infinito. Contento por su descubrimiento y dispuesto a comprobar su teoría, reunió a varios de los miembros más selectos de la sociedad distinguida y se los explicó de la siguiente forma: tomó un huevo y lo rompió, dejando caer el contenido sobre la mesa.
“Lo ven” dijo el hombre “rota la cápsula, la vida se ha extinguido”
El hombre fue ovacionado y se creó una escuela en su honor, dedicada al estudio del universo.
Un estudiante aportó, en base al primer descubrimiento, que si la cáscara es el universo la yema es el mundo y la clara todo lo demás.
Años más tarde, otro de los estudiantes presentó un nuevo avance. Tomó cincuenta huevos y los repartió entre la concurrencia. Luego, pidió que los movieran, los agitaran, los hicieran girar y hasta que hicieran malabares con ellos. Por último, rompió todos los huevos y dejó caer su contenido sobre la mesa.
“Lo ven”, dijo el estudiante, “la yema sigue dentro de la clara, por lo tanto, nuestro mundo es el centro del universo”.
Así continuaron los logros de esta escuela. El tercer gran descubrimiento, fue a raíz de un huevo de doble yema, que llevó a los eruditos a comprender que existía más de un mundo en el universo. Este último descubrimiento perjudicó las cosas, ya que se imposibilitaba la idea de un solo planeta núcleo.
Otro estudiante, descubrió que la vida podía extinguirse dentro del huevo, al hervirlo. El estudiante acercó huevos al fuego, a distintas distancias y noto que algunos se cocían y otros lograban mantener con vida a sus pichones, hasta que rompían el cascarón.
“Lo ven” dijo este estudiante, “la vida se mantiene gracias al fuego, lo que significa que vivimos gracias al sol”
La segunda parte de la teoría de este estudiante, fue negada durante años, ya que afirmaba que era el sol el centro y no el mundo. Él aseguraba que si dos yemas son dos mundos, ambas necesitan calor para mantener la vida, por lo que deben girar en torno al sol y no alrededor de un planeta.
El pobre estudiante continuaba tratando de demostrar su teoría y, aburrido de comer huevos duros y pasados por agua, decidió innovar. Así fue como descubrió el huevo frito (y su versión económica “huevo a la plancha”) y en base a esto, la hamburguesa con huevo.
El joven corrió hacia sus maestros, afirmando haber encontrado la razón por la cual el mundo no caía hasta lo más profundo del universo. Estaba posado sobre un disco, por lo tanto, era plano. “Pero los discos no vuelan”, pensó. Sin embargo, unos días después, comprendió que debía estar posado sobre algún tipo de criatura que nadara por el contenido del universo, girando en torno al sol, sin hundirse y sin la necesidad de respirar.
El estudiante separó mil claras de mil yemas y las juntó en un barril, entonces, introdujo distintos tipos de peces, un sapo, una rana, una tortuga y hasta una anguila. Al cabo de un rato, por alguna extraña razón (era astrónomo no biólogo marino) que no pudo responder, la tortuga era la única con vida.
Buscó una tortuga grande, un disco de madera pequeño y un huevo, pero no podía mantener el disco en equilibrio sobre el caparazón. Por lo que comprendió que, algo posado sobre el caparazón, sostenía el disco.
El joven estudió distintos tipos de libros sobre animales y llegó a la conclusión que la única opción, era cuatro elefantes. Sus patas sobre el caparazón, y el disco apoyado sobre sus lomos. Las trompas hacían un extraño rulo con lo que lograban dos cosas, la primera, sujetar la yema al disco y el disco a sus espaldas, la segunda, al estar las trompas sobre la yema, respirar.
El joven tardó una semana en dibujar, escribir y cambiar la palabra yema por mundo, luego, presentó todo.
Su ponencia fue tan buena, que el mundo entero se basó en sus descubrimientos durante siglos.
Sin embargo, un joven que estudiaba a distancia, fue más allá de todos. Tomó un huevo y comprendió que el asunto era mayor a como se lo había estado viendo. Según él, la yema era la vida, la clara el oxígeno, la cáscara el mundo y el mundo el universo.
El único problema, era que había logrado hacer que un huevo mantuviera el equilibrio sobre un disco sólo una vez, por lo que hizo trampa y utilizó su mano en lugar de disco, ubicándolo en el pequeño hueco entre su dedo anular y su dedo índice.
“Lo ven”, dijo el joven, “hace equilibrio sobre la palma de mi mano, puede hacerlo sobre cuatro elefantes”. El joven estudiante recibió una beca del gobierno español para su investigación y partió con tres o cuatro barcos hacia el oeste, para comprobar su teoría, al final, lo logró, el mundo tenía la forma de un huevo.
Muchos siglos más tarde, un hombre tomó la vieja idea y construyó una cápsula de metal blanco, le puso un perro adentro y la mando fuera del mundo. Una cámara abordo afirmó que el mundo no tenía forma de huevo sino, que era casi redondo.
Otro hombre, mucho más inteligente que todos los anteriores, estudió los logros de dicha escuela y se quedó con el único real, la hamburguesa con huevo, pero le agregó tomate, pepino, lechuga, cebolla, queso, dos panes y te agranda el pedido por unas monedas más.

19/12/07

Apuestas de verduras

19/12/07
Dos choclos se encuentran en una olla y se preguntan que temperatura alcanzará el agua sobre el fuego. Uno asegura que 100º centígrados, el otro cree que más. Pero un exagerado caldo de gallina, que grita desde el fondo, que se desase como si estuviera en ácido, afirma que el primero tiene razón.
Van por los 60º cuando cinco trozos de zapallo invaden la privacidad de los elotes. Hacía rato que no oían al caldito y el agua sabía rica, pero esos cubos anaranjados que molestaban por allí, no les hacían ninguna gracia.
65º: El agua comienza a ponerse de un extraño color, a los choclos se les hace difícil verse, pero siguen en su apuesta de la temperatura. Los pedazos de zapallo tratan, desesperadamente, de volver a ser un solo zapallo y no uno dividido en cinco, pero comprenden que han perdido a algunos hermanos en el camino.
70º: Un pedazo de carne se zambulle hasta el fondo como una ballena en celo, pero no habla, esta muerto. Su cuerpo rojo y jugoso le da un gusto especial al agua y los choclos, que como todos saben son carnívoros, utilizan todos sus dientes para comer.
72º: Los choclos siguen comiendo y los cinco ex zapallo lloran desesperados.
76º: Dos papas caen al agua peleándose entre ellas. Una afirma que seguían enterradas, mientras la otra trata de imponerse con su postura. “No estábamos enterradas, estúpida, era tierra que nos cubría”. La otra no lo entiende y le echa la culpa por estar en la olla.
80º: Un montón de cosas caen al agua y nadie entiende nada. Parece un naufragio. Hay pedazos de cualquier tipo de verdura y no se sabe quien es quien. Una rodaja de zanahoria es confundida con un trozo de zapallo y hay cinco idiotas que gritan “¡ya somos seis!”.
84º: Los choclos terminaron de comer y se disponen a hacer la digestión, fumando una pipa que escondieron entre sus dientes.
85º: El primer choclo confiesa haber querido ser pochoclo y se larga a llorar, pero son muchos los que lloran y no se nota que lo hacen, porque las lágrimas se confunden con el agua. Una rodaja de zanahoria hizo pis, pero su orina es naranja y eso si se nota.
Todos están de acuerdo y, cuando no se lo espera, la echan fuera de la olla. Tiran la rodaja con comba para que caiga directamente al fuego.
90º: Se acercan los 100º. Dos trozos de zapallo y algo que parece una batata apuestan a que se supera los cien. Otras cosas que nadaban por allí también habían apostado, pero no importa si ganan, porque el agua los derritió, o ya están listos.
95º: El tiempo se acorta. Una cosa plateada llena de agujeritos entra en juego y revuelve un poco las cosas. La batata estaba medio en pedo y vomita una sustancia marrón. Algunos afirman que defecó, pero es demasiado gorda para lanzarla, por lo que todos se convencen de lo del vómito y la dejan en paz.
96º: Todos esperan con ansias.
97º: Siguen esperando.
98º: La espera está llegando al final.
99º: Un zapallo se arrepiente, grita, llora y apuesta su semilla de matrimonio a que se queda en 100º.
100º: El agua es un quibombo. Comenzó la ebullición y esa cosa plateada revuelve otra vez.
Todavía en 100º: El agua no aumenta su temperatura y el choclo está re agrandado.
Siguen en 100º: El choclo se declara ganador y el otro estalla de la envidia, hay dientes por todos lados y su esqueleto delgado es retirado de la olla por la cosa plateada con agujeritos.
Perduran los 100º: Pocos son los que siguen hablando, la mayoría ya se cocieron.
Vuelven a lo 99º: El choclo se asusta y se pregunta: “¿Llegaremos a –100º?”.
Pasan de los 98º a los 90º: La carne está lista y es lo único que le da a entender al choclo que no existe el retroceso en el tiempo del que hablaba el zapallo aquel. Ahora no recuerda si era el pedazo número dos o el cuatro, pero da igual, ya están como para ser puré.
Llegan a los 80º: El choclo visualiza su vida entera, fue buena, corta pero buena. Le da pena morir, pero tiene su logro, el agua no llegó a 101º.
70º: Nadie se entera porque están cocidos, pero la cosa plateada con agujeritos trajo a un hermano que es como una cuchara profunda y se lleva los cadáveres a un plato.
De viaje hasta los 2º: La olla ya se vació, se lavó, se secó y se guardó hasta el próximo puchero

2/12/07

El culo rebelde y el cautivo poposito

2/12/07
Resulta que, un día, se me cerró el culo. Así de simple, sin más miramientos ni avisos, el tipo dijo (con un sordo estruendo) “no va más”. Ortiva, la crisálida se enojó por no poder abandonar su puesto de trabajo y decidió convencer al enojado a como de lugar.
Ese fue el detonante que se produjera en mi interior, una revolución intestinal que se convirtió en un horrendo y oloroso "poposito", que no hacía otra cosa que intentar salir.
Al baño corrí apresurado y preocupado, pero sentado y estreñido nada ocurrió. Conté azulejos, maté mosquitas, que volaban distraídas cerca de mí e hice muecas frente al espejo, hasta que me aburrí. Leí doce revistas, tres novelas, dos tarros de desodorante de ambiente y las indicaciones de un paquete de tampones, pero nada daba resultado.
Comencé a asustarme, yo hacía fuerza desde adentro, pero era como tratar de empujar una pared.
Me dolía el estómago, el pecho, las piernas y, por sobre todas las cosas, el culo. El poposito ya tenía nombre y apellido pero seguía sin poder conocer el mundo exterior.
La vejiga no quiso quedarse afuera e inundó su cuerpo del vil líquido que, por suerte, se fue tan rápido como pudo permitir la poca presión hidráulica que me quedaba, pero el poposito se había alojado en mí y amenazaba pasar las vacaciones allí.
Como solución, tomé un laxante, pero eso solo produjo un malestar peor, que generó que el poposito fuera anfitrión de una reunión familiar. Tomé un relajante muscular, pero eso sólo logró dejarme medio estúpido.
Así estuve tres días, cada vez que el culo dejaba de dolerme corría al baño, me sentaba y gritaba como puto principiante, apretando con fuerza el porta toallas y desgarrando el papel higiénico como un esquizofrénico sin medicina. Hacía movimientos circulares, diagonales, verticales, horizontales y al azar. Lo hacía lento, rápido y hasta con ritmo, pero nada sucedía.
Me desesperé y me calmé, me puse histérico y hasta llegué a darme de nalgadas, para hacerlo cambiar de opinión. Pero allí seguía, firme.
Al cuarto día decidí humillarme y llamar al médico. Por en mi mente aparecieron imágenes extrañas, en las que debía explicarle a una sensual enfermera lo que me sucedía. Comencé a mortificarme con el teléfono en la mano y dudando en hacer el llamado.
Así que caminé hacia el baño y me volví a sentar.
Me calmé, y le dije muy seriamente, “prometo comprar el mejor papel higiénico de aquí en más, compraré almohadones de plumas y pantalones holgados para que no te sientas encerrado. Trataré de dormir boca abajo y jamás seré pasivo”.
Al principio, el culo se quedó callado, como si lo estuviera pensando, comprendió que estaba logrando un buen punto en esta guerra y largó una estridente carcajada que me alivió un poco el estómago, pero destrozó mi nariz.
Y prometiéndole al rebelde que su vida ya no sería como el culo sino, mucho mejor.
Así fue, que llegamos a hacer las paces y, con un gran dolor, el cautivo poposito quedó en libertad.
Allí, a medio sumergir, me miraba y se reía y yo también me reía y lloraba lágrimas de sangre. Su etérea presencia inundó mi hogar por unos días y su recuerdo sigue en mi memoria aún hoy.
Pero el tiempo pasó y cumplí las promesas. El papel, los almohadones, los pantalones y todo lo demás. Pero el culo se enoja de vez en cuando por algo y me recuerda que no debo joder con él.
Así que, escuchen el consejo de un idiota que trató a su culo como lo que es. Hagan las paces con el suyo, trátenlo bien, mímenlo. Ubíquense entre dos espejos y mímenlo fijo con cariño, háblenle y, por sobre todas las cosas, jamás... jamás lo hagan enojar.
 
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